En España, el transporte convencional es el principal emisor de CO2, representando un 32,5% de las emisiones totales y generando costes crecientes para usuarios y administraciones.
El sector transporte es el reto más importante para alcanzar un modelo eficiente, seguro y equitativo. A pesar de haber reducido en 2023 las emisiones totales un 7,6% respecto al año anterior, todavía existe una brecha significativa para lograr los objetivos climáticos.
La OMS alerta que la contaminación urbana provoca 6,7 millones de muertes prematuras al año y, según la ONU, cada persona debe disminuir sus emisiones de 6,3 a 2,1 toneladas de CO2 para 2030. En la Unión Europea, el 60,6% de las emisiones por carretera procede de turismos particulares.
Adoptar medios sostenibles no solo reduce emisiones, sino que también contribuye al ahorro económico y al bienestar colectivo.
Las ciudades inteligentes están transformando la gestión urbana para lograr gestión eficiente del tráfico urbano, reducir atascos y priorizar la movilidad sostenible.
La percepción de que la sostenibilidad es cara se desmiente al analizar datos de eficiencia y optimización. Empresas de logística han generado hasta 400 millones de dólares de ahorro anual optimizando rutas.
Además de reducir costes operativos, el uso de incentivos económicos significativos para electrificación y la entrada en Zonas de Bajas Emisiones permiten a empresas y particulares esquivar multas y restricciones.
Grandes ciudades como Madrid y Barcelona han implementado Zonas de Bajas Emisiones (ZBE), limitando el acceso de vehículos contaminantes y forzando la renovación de flotas hacia modelos limpios.
Estas medidas, junto al CAE y subvenciones locales y autonómicas, impulsan la transición hacia opciones inteligentes y ecológicas, generando un mercado creciente de vehículos eléctricos, patinetes y servicios de movilidad compartida.
La transformación no solo depende de la tecnología, sino de la concienciación ciudadana. Campañas educativas y políticas públicas deben fomentar hábitos de viaje sostenible y transmitir el valor de un entorno urbano saludable.
Invertir en infraestructuras como carriles bici, estaciones de recarga alimentadas por energía solar y mejoras en el transporte público es un compromiso a largo plazo para lograr ciudades más habitables y resilientes.
Ahorrar en transporte y reducir el impacto ambiental es posible combinando alternativas al coche privado, innovaciones tecnológicas, incentivos económicos y políticas públicas. Cada paso cuenta: caminar más, compartir trayectos, elegir el transporte público o un vehículo eléctrico y apoyar la digitalización son acciones que, sumadas, transforman la movilidad urbana.
El cambio requiere responsabilidad individual y colectiva. Al optar por opciones inteligentes y ecológicas, no solo cuidamos nuestro bolsillo, sino que construimos un futuro más limpio, justo y saludable para todos.
Referencias